AMIGO CANTINERO



"Usted dirá mi querido amigo,
que es lo que hoy usted gusta tomar.
Le daré algo para el olvido,
un buen trago que lo haga soñar."

"Deje que suene la rocola, 
Hey! Tú! Amigo cantinero!
Ven y sírveme una copa!
No te preocupes por el dinero,
que aquí traigo pa' una tras otra!
que quiero escuchar una canción.
Óiga! los hombres también lloramos,
cuando nos duele el maldito corazón!"

"Que tu llanto mezclado con el licor,
te ayude a olvidar tus penas.
Que cicatrice la herida del desamor, y
en cada copa alcances dicha plena."

"Toma conmigo esta botella,
esta noche me quiero emborrachar,
pa' que sepan el cielo y las estrellas,
el mal que ella me hizo lo tendrá que pagar!"

"Ya no sufras mi buen amigo,
mujeres hay muchas y mejores,
no desespere; yo se lo que le digo,
y se que mañana vendrán nuevos amores."

"No. No será así, compañero,
para mí ya no existe el mañana.
Pues si no es a ella a nadie quiero,
mejor sírveme una envenenada.

Cantinero tráigame otra botella,
de tu más fino whisky o mezcal,
para poder brindar solo por ella,
y su nombre pronunciar sin cesar!

Hoy cantaré mi repertorio,
hasta ahogarme en el licor,
sacaré de mis adentros este odio,
y de mis labios borraré su sabor.

Vamos! Dame otra copa que me muero!
Date prisa pues la muerte me gana!
Acércate para contarte cantinero,
esta es mi verdad, simple y llana.

De ella fue todo mi cariño,
mis ilusiones y mis sueños.
Era feliz aún más que un niño,
sintiéndome suyo, creyéndome su dueño.

Pero hoy, yo los sorprendí... amándose,
y me sentí morir de rabia, de celos.
En mi mente los pude ver, burlándose,
y oscureció para siempre la luz de mi cielo.

Así pues cual demonio enfurecido,
corrí en busca de aquella arma
Me juré darles su merecido,
y al diablo le vendí mi alma.

Se que sin piedad maté a los dos,
no lo niego, no me arrepiento.
Por ella olvidé los caminos de Dios,
su amor se convirtió en mi tormento..."

"¡Órden en la sala!" Gritó el juez,
volviendo a aquél hombre a su cruda realidad.
Su suerte estaba echada, la sentencia sería dictaminada,
aquél hombre supo que había llegado el final.

Lo que hasta hace un momento era una cantina,
en una temible corte se transformó.
Aquél cantinero que tragos le servía,
realmente era el verdúgo quien a morir lo condenó


Raúl Valdez

©Derechos Reservados
09/27/04
RulasV@aol.com

 

            

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